viernes, 29 de abril de 2011

Compañero Ricardo: hasta la victoria siempre...


Llegaste a la ciudad universitaria
cubierto de los polvos y los vientos
de tu tierra sureña. Ya dolida de masacres:
Trelew y su agosto de horror.

El candor provinciano,
la simpleza campechana,
la hospitalidad franca,
un despreocupado desaliño,
la solidaridad amiga siempre pronta y comedida,
virgen de hollines, de cemento y de malicia urbana.
Un único antecedente devoto y misionero:
la juventud católica;
Dios es amor: asegurabas

La política te asomó al ojo derecho.
El país movilizado te hirió el ojo izquierdo
y el clamor del pueblo resurgiendo
se te metió en la piel. Transfigurada.
Amor es darse: repetías.
Darse a la causa del mas necesitado.
Concluiste: amor es militancia!!!

No le aflojaste nada a la parada.
Pero ya la cosa pinto mala.
Se perdieron batalla tras batalla.
La reacción arreciaba. Soberana.

Dejaste la ciudad. Todo dejaste.
Sus sabuesos esbirros te perdieron: caíste en cana.
Te desaparecieron como a tantos otros
y nunca más se supo...

Tal vez habites una tumba anónima.
Quizás el fondo del Río de la Plata.
Ojalá, una prisión inhumana.

Hoy poblás sin duda, esta nostalgia.
Y se que no sirve.
Se que no sirve la nostalgia literaria.

La única fecundidad posible a tu holocausto
y es terrible,
es sentirse pólvora aplomada
en la brutal, inclemente y decisiva,
exactitud mortal y justiciera,
de una bala.

Javier Gortari, 22 de agosto de 1979.

(...) "llenos de impotencia le pidieron por favor llorando que dejara los estudios al menos por un tiempo que volviera... Ricardo les respondió también llorando:
¡USTEDES NO SABEN LO QUE ME PIDEN!!!"
Eduardo Cittadini
La vida de su hermano su militancia su
desaparición y la búsqueda de su familia.
Libro: No saben lo que me piden. 2007



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