trabajo de hormiga
Miles y millones de obreros conforman hoy la base de la fuerza laboral que sostiene la economía de las industrias.
Masas despersonalizadas, de gentes que día a día ejercen su trabajo de hormiga, formando parte del soporte en materia de aquellos “señores” , a quienes deben según las normas de este sistema, tanto sus vidas como sus muertes.
Libertad de capitales y mercados. Motores que funcionan con combustibles compuestos a base de carne humana.
Es así, el caso de Wilder Orellana Borda, Braulio Coca Marquina, Ariel Antonio Areco, Lucio Buendía Flores, Obdulio Jorge Escobar, Julio Alberto Deslinder, Agapo Megía Vidal, Fidel Torrico Ferrufino, Luciano Mamani y Osvaldo Zurita Montaldo (fallecidos) y Baltasar Ponce Fructuoso, Willam Méndez Torrico y Jorge Suárez (heridos), en un “accidente” ocurrido el 20 de junio de 2007 en la planta Aluar, que consistió en el derrumbe del techo de un silo.
Se sabe que la mayoría de los trabajadores nombrados eran de nacionalidad boliviana, y se encontraban empleados por la empresa Cadel Construcciones, una subcontratista de INFA, la cual a su vez otorga servicios a Aluar. Esto sin dudas este no es un dato menor, ya que tiene que ver con la disposición de mano de obra cuya seguridad laboral es tercerizada, disminuyendo costos y responsabilidades sobre ella.
Por otro lado, un suceso aún más reciente es el del derrumbe de una pared durante la construcción de un shopping a cargo de la firma Cencosud, en la ciudad de Trelew el pasado 20 de marzo de este año. El resultado fue el fallecimiento de César Lino Huaniman, un operario de 29 años.
Dos hechos puntuales, pero de carácter sintomático, relacionados con la creciente precarización del trabajo formal argentino. Fenómeno, cuya base alimenticia fue causa primigenia el agotamiento del llamado “Estado de Bienestar”, junto a la posterior implementación de políticas de corte neoliberal.
En este sentido, los años 90 presentan el escenario propicio para esta tragicomedia del desarrollo del incremento de la explotación de la clase trabajadora. Esta constante fue embestida bajo el concepto de “flexibilidad laboral” y materializada en diversas normas, consecuentes con la limitación temporal de los contratos de trabajo, y la renuncia de derechos (menores salarios, aumentos de la jornada laboral).
Sin embargo, la más escandalosa de las leyes relacionadas con estos preceptos, fue aprobada por el Senado en el año 2000 (ley 25.250 “de empleo estable”), tristemente conocida por las coimas en este proceso realizadas, y por fomentar el empleo precario sin derecho a indemnización.
En consecuencia con este planteo, vale aclarar que Aluar (que posee el monopolio de la producción de aluminio en el país, del cual exporta el 70%) y Cencosud (dueña de las cadenas de supermercados Jumbo y Disco) son grandes empresas internacionales sujetas a corporaciones, que disponen y movilizan grandes capitales sin estar exentas por supuesto, de las conveniencias otorgadas por la doctrina normativa neoliberal planteada. Ambas, si bien ligadas a sectores productivos distintos, coinciden en la pauta de que por un lado disminuyen responsabilidades sobre la muerte de sus trabajadores a cargo, amparándose en argumentos tales como la hostilidad de los vientos patagónicos, o en la adjudicación de los hechos a las contratistas en tanto entidades independientes.
Esto trae a colación el accionar centrado sólo en el beneficio económico, carente de toda idea de justicia social, e inclinado al incremento de las ganancias mediante el desmejoramiento de las condiciones en las que se mantiene a la fuerza de trabajo, es decir al conjunto de obreros explotados. Todo esto, sin contar las maniobras políticas (como las relativas a las exacciones impositivas a cambio de otros beneficios) en la que estos grupos empresariales participan activamente, formando parte de la supremacía del dinero por sobre la base social de nuestra era.
Entonces, como respuesta a lo analizado en realidad cabe preguntarse:
¿Se deben estas catástrofes a la acción hostil de una naturaleza enojada?, ¿es ella la verdadera acreedora de la culpabilidad de nuestros males, la causa de nuestras muertes?, ¿será que los vientos hacen que los principios y convicciones vuelen por los aires, derrumbando los techos y paredes de la libertad?
Tal vez, en realidad sean la evasión de problemáticas de nuestra sociedad y la dominación de unos muy poderosos sobre unos muy débiles, unos motivos a tener en cuenta acerca de las falencias de este sistema, el cual no es precisamente natural.
Débora
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